Perditio et delirum
Había algo de puñeteramente irreal en el entorno; el hedor a alcohol y la sonrisa ante la líbido y el sentimiento sexual de acostarse, omnia versus omnium. Era hermosa, una decadencia abismal que me recordó una pintura de Velázquez. De repente llegó un demonio, me afirmó que haríamos un trato donde yo saldría ganando, me sedujo y mi sombra reía. Los días pasaron, el diablo no reconoció el trato. ¿No debería de ser al revés? Yo jamás negué la perdición en la que me metía, él sí, pero no fue sólo eso. No sólo me negó, dijo que yo lo había seducido. El diablo corre por los pasillos de mi hogar, veo a una puta vestida de negro , su mensajera; ella niega nuestro sexual trato. No bastó sellarlo con sangre, envió a una puta con chillona voz a darme lecciones de Historia antigua, la envió para besar mis labios con mierda. Velázquez se había ido. Mis deslavados jeans apestaban, el diablo no quería reconocer los sangrientos besos; su mensajera reía y vi desaparecer mi sombra. Lo busco ahora, mi mano ensangrentada, mientras Velázquez me observa desde Aranjuez...
De los traumas cotidianos de su Alteza Serenísima.
Ego sum et die nocteque, et lux et tenebrae, sol et naevus, vita et mors
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Autor: Justine (Dara)
Fecha: 02/05/2008 14:21.

